domingo, 7 de septiembre de 2014

El sacrificio de pedir un barco que se quede.

Amor, pedir que uno amarre en tierra
es devolver del agua 
lo que un día fue árbol.

Es reencuentro de materia trasformada .

Tú no me reconoces.

Pero soy la rama, el tronco, la raíz
que fue verde
tras el maquillaje óleo.

Por eso, Amor, cuando muera
prende mi cuerpo
y lanza a la arcilla,

a la sal

lo que un segundo fue suyo
para descansar en paz
con la orgánica del universo.
Esta embarcación procede de una exposición
y vive sin mar en la Casa Allura del humanista y escultor Marcelo Díaz.

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