martes, 12 de agosto de 2014

Flecharco.

El arquero ve el blanco en el camino del infinito, y él, con su poder, os curva para que sus flechas vuelen veloces y lejos. Qué la tensión que os causa la mano del arquero sea alegría, ya que así como él ama la flecha que vuela, ama también el arco que permanece firme.

                                                El profeta.Gibran Kahlil                                                                                 Gibran.

La obstinación no tiene límites

soy guerrera con arco,

la flecha la dejo para el combate.

Si la esperanza tiene junco
y se doblega
más ha sido mi voluntad
por salvarte del pantano.

Alimenté las ramas
con el hocico del viento,
como olfateando cazador
el jabalí que atropelló 
caminos descalzos.

Viví en la encima
arrimando el descaro 
de una amazona
que amó hasta,
hasta la espera.

Se apunta a la diana.
Se vigila la presa entre matojos
y  batida de muerte
jadea hasta que la última gota
de poema
salpique la pantalla 
de un ordenador.

Soy guerrera
y abrazo a las copas,
nunca he viajado a Toronto
pero hago guirnaldas
con los colmillos de mis difuntos,
duermo en zanjas de tierra
y añoro la armadura del cuerpo.

De arco sin espada.

Sigo mi camino
mal herida.
Eso pasa, siempre,
cuando el arma
llave la dirección errada.

Las flechas
lanzadas desde el tabulador
son amar
en vez de arma
y acabas con los táctiles,
huellas borradas,
que lloran taquigrafía.






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