viernes, 22 de agosto de 2014

1987

El espejo sólo ve cejas depiladas, amorfas y asépticas.
Corría el año 1987, "Huelga" esa era la consigna;
una palabra nitroglicerina
que estalla en la radial de nuestro pechos.


Sí, porque fui otra colina que estuvo sentada
en la Avenida Alejandro Rosselló
esperando el alud de las cargas policiales.


Huelgas estudiantiles que no temíamos a nada
delante del ministerio de cultura en la Plaza de los Geranios:

-Somos las flores del mal
reivindicando derechos
a voz pústula.


Luego aparecían hermanos
de otros colectivos que querían poseer derechos humanos.


Nos abrazábamos, eran gente que amaba a gente de su mismo sexo
y que se unían a la hoguera.

Sí, yo enfrenté a galope por una ciudad sitiada.
Corría el año 1987.

Sólo cejas depiladas y torsos con cerumen en efecto retardado.

Mengua libertaria a golpe de porra y gas (no existían las pelotas de goma)
sin gatillo maullado de perder cada día
un niño en el bosque de la represión.

Lluïsa Lladó.

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