miércoles, 9 de julio de 2014

El juego del dominó.

Ese hombre tenía una veintena de trajes,
coordinados y planchados con la raya,

era brutal, de belleza nórdica
con unos pilares de templo.

Cada mañana Isabel atravesaba el paso de cebra
y él desde su cabriolé deportivo la miraba,
como una ráfaga que iluminaba el cristal delantero.

Un día, él aprovechando ese cruce de caminos
la salpicó con el agua del parabrisas.

Acabaron cenando en un garito
y él ladino
aprovechando la debilidad de Isabel  por la destilería,
acabó ebria entre los brazos de un hombre 
perfecto,
el hijo ejemplar,
el señor de la casa,
el bueno y siempre eterno crisantemo
impertérrito con sus trajes de mil rayas.

No pegaban ni con  Coca Cola,
pero cuando sus cuerpos desnudos
resplandecían
no había clase social que los distanciara.

Él, pertenecía a un club selecto
donde el sexo era la moneda de cambio,
y astuto la fue adentrando a sus dominios.

Lo que él no sabía, es que dentro de ese vestido de flores de Zara
y el carmín  fucsia de sus labios,
latía una hija ejemplar, 
señora de su dominio
la buena y sempiterna amapola.

Las reglas eran nada de nombres
y sin besos en la boca.

Y corrompida por la curiosidad
que siempre mata a las gatas,
fue experimentando hasta el límite
que ella consideraba,
sin presiones, sin drogas ni metas.

Esa mañana parisina
él despertó
con las muñecas atadas a un liviano lazo zapatero.

Y ella sentada en el diván
le dibujó  una raya en su pelo,
la misiva
de que la amara
pronunciando su nombre con un aluvión de besos.

Él dijo...

- Odio los besos, tú lo sabes.

-Pues, no te desataré.

Pero el nudo era tan frágil
que mirándola de reojo
fingía no poder huir.

Isabel estiró con delicadeza la atadura
y  él incorporándose la aprisionó contra la pared, 
la nombró tantas veces 
que del mar emergiendo un tornado
el alba fue devorado por la noche.

El mejor encuentro de todos 
y el último.
Habían roto las reglas.

Uno se había enamorado
y no era ella.







2 comentarios:

  1. El mejor encuentro de todos
    y el último

    .
    Habían roto las reglas.

    Uno se había enamorado
    y no era ella.
    ....una bonica historia....

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