miércoles, 9 de julio de 2014

El finiquito de Adan y Eva

En el salón tengo una luna llena,

un bote de pintura blanca
que reposa sobre noche

y estantes deseosos de pesos
con bases amorfas
que buscan el equilibrio.

Y salir a galope los libros
con la firme convicción
que mi viaje a Ítaca ha concluido

Una ya no está para tantos trotes,
fue en abril
cuando detecté el sabor a tierra,
la necesidad de que loto
fuese yuca, jengibre o zanahoria.

Me hice vieja de repente
y asustada
desmonté los arcos de mi Coliseo
y fui una ola
que visitó cada isla griega.

Ahora que he llorado
cada frasco de jarabe
ingerido.

Que he bramido la ausencia
de mis tres placentas.

Que cada órgano
se ha desinflado
como una rueda de bici.

Veo que haré un traslado
de mis enseres
para cavar tumba en este hemisferio.

Me lo dice este mueble modular
y el cambio de las estaciones.

Luna pletórica de paz.

Él no me ama,

es esa cortina
roída por las larvas,
lo asumo.

Y haré raíz
para un hombre
que no necesite
Troya por regalo.

Ya que soy reina sin corona
y el único castillo que poseo
es un puñado de arena,

para resignada confesarte
que la admiración a tu poesía
es el resto de mi naufragio.

Pero no lo entiendes,
a pesar de ser lengua,
solo sabes
de hojas de lanzas
e ignorarme
como a una compuerta maldita.


La luna y sus fases eléctricas.











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2 comentarios:

  1. Hasta la luna tiene dos caras y a veces alguna es amable, aunque menguante, pero amable.

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