martes, 29 de julio de 2014

Donar es salvar vidas.

Recuerdo ese día,
me sentía como un héroe de cómica
subiendo a la caravana itinerante.

Iba a donar sangre.

Esperé curiosa.

Recuerdo la chica del polo rojo
preguntado todo mi historial médico,
fruncía el ceño
y en un tono agudo de barítono castrado
empezó a enumerar
las cosa que no le gustaban.

Donante con un riñón,
nacido con un soplo,
hipoglucemia
y con una tensión arterial rozando el núcleo terrestre.

Lo siento, no puede donar sangre
usted corre riesgos.

Entonces, me enojé por la disconformidad,
tenía la vena egoísta de que mi transfusión
podía aliviar a algún enfermo e incluso salvar a un niño.

Insistí ante sus negativas.

Y mi rostro lejos de la ira
se llenó de taciturna evidencia.

Pero la chica del polo rojo
me cogió de la mano,
y mirándome a los ojos dijo:

-Luisa, sigue dando tu sangre
a través de la poesía, no tengas duda...,
en el pasado te salvó de la locura 
y ahora tu savia escrita
pueda ser salvavidas.

No importa que en ello te dejes la piel.
Si estás preparada
para el sacrificio.















2 comentarios:

  1. Aún corriendo evidente riesgo fatal.

    La sangre poética es la más necesaria aunque el vulgo no lo sepa aún.

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