sábado, 7 de junio de 2014

Lluïsa y el señor enmascarado.

I

La soledad
es la cremallera 
sin cerrar
de un vestido femenino
por la espalda.

II

Era un continente 
con forma de isla,
llegó su p a s o Monzón,

soy In do ne sia.

III

Cada semana,
ellos vienen como colegiales,

aguardan la salida del trabajo
alternándose por turnos.

Intercambian sus caras,
sus vestimentas,
pero nunca son tú.


Él jamás apareció por sorpresa.
Lo que daría por ver su sombra-capa
de Tilo.

IV

Nunca me importó su promiscuidad,
ni siquiera que usara la misma colonia.

El problema
era
que era yo, la que no importaba.

V

Durante un tiempo
fui la chica del asesino.

Le fregaba las sal-picaduras,
ayudando a enterrar los nidos.

Es lo que tiene
enamorarse 
de un libro del romanticismo.

VI

Sí,
él 
con sus tragedias

yo 
con mis dramas.

Preguntó la psicoterapeuta:

-Volverías con él.

-Sí.

Sabes que te destruiría.

-Lo sé y sin miedo 
después del maremoto,
la ola manta me sacaría
descuartizada en islotes
y nunca más hubiese sido
Asia.

VII

Sin pies en los dibujos
no hay anclajes.





2 comentarios:

  1. Un verdadero amor destructivo y sin fronteras. Y aunque parezca mentira sí que hay quien llega a sentirlo.
    Saludos.

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  2. Gracias Julito. Muchas veces hay poemas que son juegos del lenguaje.

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