viernes, 6 de junio de 2014

Flores del mar

En un mundo
sin champú
necesitamos rellenar los surcos
con materias sintéticas,

siendo máquinas
que ocultarán
ir reversible  la edad.

Y lo que parece un logro estelar
de abrasarnos el vello
y comer pienso en pasillos de corredores de muerte,
donde la fruta
se instala en mesas torpes
y la bollería, alcohol: dimisión a luchar
y salados a cuatro
se colocan
en la parte idiota de la mente.

Harta del mensaje
sólo poseo la esperanza umbilical
del amor.

El amor a un cielo
que no existe
que no es más que la proyección de gases,
el amor de los abrazos
indistintos a pareja,

no creo en los contratos de arrendamientos del cuerpo.


Amar a la distancia
aunque me pese la ida
de un devenir incierto.

Qué he hecho con mi luz
cuando más me acerco
más deslumbro un absurdo
para no asumir
que en este recorrido
el silencio...

Amar los momentos
comprimidos y anfetaminas,
la risa y el recuerdo,
que me obliga a deshacerme de la ropa
y salir a nadar

aunque el mar
quiera conquistarme.

Eso amar y nada más.




2 comentarios:

  1. Remar, nadar y amar. Tres buenas flores recordando a Baudelaire, aunque este fuera más del aire que del mar.
    Perdón por la broma no he podido aguantarme.
    Saludos.

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  2. Te lo permito todo. Aún lo puliré más este poema. Que no es poema es filosofía baratusca de Lluïsa. Y sí me acordé de Baudelaire et ses fleurs du mauvais. De los pocos que me calan mar y playa ;)

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