viernes, 9 de mayo de 2014

TELEAFÓNICA

I

Observo la mano abierta,
esperando una señal
y no nacen brotes:

Está inquieta.

La miro
y no habla.

Es una planta 
sin respuestas.

II

Tengo una mano muda,
una moneda

y todas las aberturas en cabinas a partes,

la necesidad
de ser araña 
y encapsular nueve dígitos,
teclas expuestas
en lucha
a la presión mediática
de mi brazo derecho.

Pero...
La subasta es tremenda
entre la impulsividad
de ir en su búsqueda
y la convicción
que si la ejecuto
cortará la llamada.

III

No nací para servil
ni para toalla,
soy una especie
de faquir
que se traga clavos
para trabarse en la pared de este Zuloland,
monja de clausura
con voto de silencio,
experiencia en catequesis,
monasterios,
conventos
y ninguna oportunidad
de ir al cielo.

IV

Darme una señal.

Para seguir creyendo en ti.

Fe ciega.

O ciénaga.

V

Entre fregona y cepillo,

la pala que recoge los recuerdos.

VI

Necesito creer
que no fui un ácaro más
dentro de la tripa de tu aspiradora.

Áspid adora
máscara que no fui
al creer que te necesito.

VII

Lo que daría 
en poder hablar contigo
con seriedad 
como los hacen los adultos
que compran plátanos en el mercado
o limpian las alfombras por las ventanas,

conversar y decir que lo siento
tanto como los días sin sombras
aromatizado néctar ambrosía.

No te deseo ningún mal,
quiero que seas hiedra sobre muro
que morir
nos morimos todos
un día
u otro.

Ese viaje: el último
es solo.

¿Para qué vivir en la mortaja
estando con juicio?



2 comentarios:

  1. Una agotadora lucha interna.
    ¿Vencerá el amor o la resignación?

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    Respuestas
    1. No compito, sueño.Por cierto quién eres. Tu poesía me gusta. Usas un estilo donde los elementos tienen alma y eso no lo percibe todo el mundo. Hola Julito Chés quieres ser o estar.

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