jueves, 15 de mayo de 2014

Me da igual.

Cuando era niña
me gustaba ver desde una tapia
como el sol era bebido por el agua
mientras comía pipas.

Y en estados de ansiedad
a veces me compro un paquete o dos o tres,
con cáscara o peladas.

Me gustaba, sí, como una ave de selva
hasta entrar en el sosiego
de una puesta astral
pero siempre a oscuras.

  II

Cada día vacía de mí
de todo lo que me rodea
no sé muy bien mi ágora,
aunque últimamente he aprendido muchas cosas,
los cajones se cierran
no se guardan envases vacíos
y el papel es mejor reciclarlo.

Por eso estoy tranquila
porque arrastrada por las norias de las ferias
lo único que hago
es perder cromos y marearme
marea arriba,
abajo marea.

III

El amor no existe
si no es bidireccional,
puede ser un capricho,
una ansia,
una subida de azúcar
ante la impotencia chocolate,
no, no respira.

Por eso es mejor
abrir la caja de zapatos
en que guardo las arañas
y que hilen por el campo en libertad,
besar siempre en la frente,
nunca más en la boca,
a mi mejor amigo.

Hablar con mis hijos
aunque nos conozcamos
de cuatro viajes de autobús.

Soy cada vez más ángel
de mi pasado,
no me importa envejecer
y sentir como cada dedal
es una copa de trono.

De qué sirve forzar las cosas,
trabajando ahora sin rechistar a la gente
las orejas parecen ramos de coles


Pregunto:

¿Cómo estás?

En esta casa que no es mi casa
con más hombres cada vez que mujeres,
me levanto y encuentro una conversación con taza,
la mascota mueve la cola,
y eso que costó salir de la madriguera.

Voy por el buen camino
y en esa ciudad
es para los que respeten
y deseen viajar con mi mochila de polipiel.

IV

No voy detrás de nadie
y menos de los que conjeturan con mis andanzas
sin haberse molestado en descubrir mi nombre,
mi ralea es paz en este momento de mi carta.

Sé que un día seré feliz
y un hombre con un tatuaje en la espalda
me cuidará hasta el fin de los días.

¿Qué es para ti el amor?

Me preguntó.

Acaso es que te lancen pétalos de rosas
por dónde pises.

NO el amor, para mi ignorancia,
es compartir
y cortar la cabeza al dragón
con las manos asidas
a una espada.

Luchar.

Y no obligar a nadie
con los humos subidos
a que te ame.

Es soltar cadenas.
Abrir portales
y lanzar por las terrazas
escaleras de cuerda
para que tengan salidas suficientes
y no cárceles.

Quién se arriesgue
ya sabe, no tengo pasaporte y en sentimientos soy
una mujer sin papeles.

Pero fe tengo una ganadería entera
dos tetas bien colocadas que no se venden
y las manos dispuestas
a trabajar siempre.







2 comentarios:

  1. Leo mucha sabiduría y predisposición pero creo que a la protagonista se le olvidó el destino. Esa gran tragedia del amor.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Hola Julito no sé puede hablar de amor si ya no se siente. Y más cuando el receptor deja el mar muerto como un charquito de verbena. A partir de ahora, apreciar simultáneamente. Se acabó el ser una patática aguardando sus escupitajos sin sal. Como limosnas.

    ResponderEliminar