miércoles, 28 de mayo de 2014

La cabeza Etrusca.

I

Fácil.

De la unión de nuestros libros
hubiesen, sin duda,
nacido bibliotecas.

II

Entera.

Viendo la dejadez parida
después del temporal:
latas, cuerdas, basura en definitiva,
estoy en serio cavilando
la posibilidad
de que cuando sea incinerada 
me porten directa al vertedero.

III

Rudo.

Tozudo como un mulo,
bello como un arrecife sin escaleras,
mudo sin hiedra,...

¿Qué  es?

Tú o Yo.

IV

Raciocinio.

Cuando levanté la vista
mis oídos estaban lo preciso
para no discernir nada.

Tan poco
Tan poco
Tampoco, fue lo nuestro.

V

Apátrida.
La lengua era sabia,
descarada inclusive,
te hablaba con el idioma 
del desprecio en siete tonos.

Parecía un gato,
atado a una lancha motora
que no paraba de maullar entre el oleaje.

VI
Némesis.

Él es el mejor amante.
El mejor Poeta 
metido en molde,
no hay abrelatas que saque la gula
que lleva en su interna decisión
de ignorarme a palos.

Sí, ya sabemos que vamos a fenecer.

Sí, que en talco se convertirá nuestra sombra
cuando lo ralle el tiempo.
Sí, que esta galaxia se irá a freír momentos
y poco quedará del Tothem.

Y qué es el tiempo, camarada, más que una sucesión de poemas.

VII

Me dejaste tatuada la duda
de si tu carne fue sincera prieta a mi ansia loca,
o simplemente te dejaste caer como los troncos
partidos por el rayo.

Rompiendo un cilindro
que llevaba enquistado 
en un pecho 
lamido por tu sonrisa.

Sólo fue el alma, compañero,

no te apures, 
con tu boca piraña cosida a nylon, 
a repicar.

Una compra otra a plazos
a una prima de Fausto,
a la medida de la incomprensión
de tu altivez depuradora.

VIII

Rasurado el cuerpo varias veces,
con yacimientos en otros limbos masculinos
y aún muerdo la lengua
para no nombrar tu felonía.

Pienso con los ojos metidos
de lleno en un joyero,
que eres tú
quien agita la sangre
de mi funeral.

NOMEOLVIDES.

Mi epitafio.






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