jueves, 1 de mayo de 2014

CON DOS OVACÍOS

I

Polígrafo
di la verdad
que no anhela
escuchar
mi reparo.

Quieres que la testimonie
como el romero 
enzarzado
en liebre.

Aún pienso en ti
en una escafandra
sumergida
en todos los estanques
que conducen
hacia tu casa,
dejé
marcas de mis tacones
en el ruido
de la noche,
me convertí en gata
si gi lo sa,
la farola recta y con uvas
que enciende el guiño
al ocaso,
fui la madre de tus siete hijos
con los nombres de la semana.

  II

La verdad
más absoluta,
a pesar, que las frutas hervan
y truquen sus cuerpos melaza
pienso en ti
como tornillo que sujeta
a la cadera,
te añoro,
más de lo que corresponde
al tiempo pasado,
operada el alma
y asumido tu desprecio,
sólo ruego,
que me lleven a volandas
a algún precipicio
para arrojar tu poesía
y así volver a caminar
sin prótesis.

Aún 
ahora con destierro,
digo la verdad,

continúo
pensando en ti
como el lucero
que muere
al cerrar la nevera.

Un enamoramiento
que no mengua
y que son todas
las llamas
de los termos
del mundo.

Sé que tu ni pronuncias mi nombre,
ni siquiera sabes ya ni como me llamo,
pero así son las cosas
los trenes tienen paradas sin barreras
y atropellan.

No te quema duda
Tocayo garrudo
con rotura de pelvis.



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