lunes, 14 de abril de 2014

PRINFRESAS

Erase y no era
una madre de techo y lomo
que era Dei
de noche
y de día.

Tuvo dos hijas: Bicho y Hermosa.

Pero ella que amaba la simiente de la escarabajo
invirtió sus papeles.

Y la insecto creció maricosa
y la bella se transformó en peculiar arrastre de olas.

Un viernes de Abril
habló con ella,

hoy lo ha vuelto hacer.

En un signo de madurez le rogó
la posibilidad de volver al nido,
con sus dos años de paro,

tendría cerca a sus polluelos.

Y le dijo la buena madre
que siempre dice que hay que escuchar a la mala
porque la vida es porquería
y debe ser la mujer invisible,
la almena,
la muerta en vida.

con este código de supervivencia
y tanto desapego
con tantos palazos en las espinillas
para saber que el mundo no es rosa,
una hace boñigas con el manual de la legión.

Aconsejándole
que se empadrone en tierra indígena.

Acaso los abogados trabajan jornada a jornada
para el expolio.

No vaya ser el usufructo
un imperativo para que la bella Camella
lo venda todo
como en un gran imperio faraón
de excrementos.

Gracias mamá.

Gracias.

Creo en la gente.
Me tapo del sol con las manos.
Río de catarata.
Capacidad de guerra aunque sea con un paraguas sin tela.
Y tengo fe.
Mucha.

Porque hay cosas
por las que vale la pena luchar.


Y yo soy feliz con dos zapatos.

Lo que no tiene nombre.
Tanto religión de saldo,
apariencias,
ponerse el abrigo sin bañarse,
la naftalina en sopa
la tortura de verse en el espejo
y atravesarlo
con la verdad.

Soy espécimen
sin familia conocida
que busca ya huecos de pista
para aterrizar,
este pueblo me gusta
pero por las noches viene un ente
de doble personalidad
diciendo que emprenda la huida.

Basta para ser viva
las piernas golpeadas
y dos zapatos.

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