domingo, 20 de abril de 2014

LA AMISTAD Y EL AMOR

Diecisiete.
Ni una, ni dos, ni tres.

Diecisiete génesis,
mudanzas para los profanos,
creer que de lo único que tendré pereza 
será de morir.

II

Mi Pato estimado,

años de batalla asexuada
donde cada vez en esta relación
estamos arriesgando algo más que el plumaje,

nos hemos convertido en esos engendros siameses
con el corazón en mi costado
y la contabilidad cerebral
en el tuyo.

La sangre irriga
y la suerte distribuye
en habitáculos el anhídrido y el oxígeno,
tú, ves con mis ojos
y una joroba antiestética
nos persigue
en las habladurías de los consortes amigos.

Un día vendrá un médico,
creo que se llama Doctor Stevens
y en un operación cronometrada
sacará un bisturí de platino
para que uno de nosotros sea libre.

Di por favor que sea yo la sacrificada,
deseo tu libertad
tanto 
como las migas de pan barridas en los restaurantes
y que acaban siendo puding de medianoche.

Deseo Pato querido
que te lleves el corazón,

te lo mereces por buena persona.

Sin esperanzas ni linaje,
déjame muñeca de trapo
y recupera tu vida.

III

Eres el padre, y segundo padre,
el padrino de boda,
el hermano que no nació,
el abuelo con manzanas asadas y un cuento,
eres el vecino con tarro de azúcar,
el compañero de instituto
que daba palizas
a los mofetas
que se reían de mis gafas.

Eres todo, menos lo que busco.

Y en estados de vigilia,
me preguntas zafio
un cuestionario intelectual
de mis romances.

Ya tienes la verdad.

Somos libres.

Como banderas piratas
y mendrugos con caramelo y una taza de café.




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