lunes, 21 de abril de 2014

ÉPOCA

Siento el ruido
de las caballerizas,
el péndulo
azotando
cada sorbo de aire,

Los equinos desbocados
traen noticias de carruajes,
sombras ataviadas
de zapatos terciopelo
y pelos quebrados
bajos tupidas pelucas
de rizos barrocos.

Si por un momento
en ese lúgubre
retiro
una mano se abre
a la noche
y pide limosna,

no finjas descuido
y saca el pañuelo
que te regalé
con nuestra iniciales
bordadas.

En él
van mis lágrimas
que has vendido
por un peso,
mis labios
marcados
hablando
de olvido.

Dale al mendigo
la tela de una desdicha
que soy la lepra
del abandono
que te clama
clemencia.

   Lluïsa Lladó.



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