martes, 1 de abril de 2014

BITÁCORA BARCELONA II


La rambla acequia
de restaurante demodée.

Es el cauce seco
con japoneses con ronquido sajón
hacia un hostal con hospitales
que le ganan en recogimiento.

En una zulo necroalbítico,
sentía mi alacena hospedada
en un centro psiquiátrico.

Los semáforos cuadrados
como las pastillas de freno
pero con esquinas romas
dan paso 
a una ciudad extraña.

A pesar de proceder
de la estirpe aragonesa,
a pesar de tener sangre catalana.

La siento gravitatoria,
como un amante
que te da masajes con guantes de látex
las cavidades amputadas.

Tal vez, es resentimiento
por lo que vio bailarina
con zapatos de Pura López
y falda lápiz,
profeta del futuro
que me hace amar los escritos.

Antes era una remilgada
que se santiguaba
frente a Zara renegando de las imitaciones.

Ahora con vaqueros
me monto al lomo
del Caballo de Troya
en dirección a una cosmopolita estampa 
de taxi enmascarado
y túneles de metro
que huelen a lociones de afeitar.

Barcelona tiene
en su enjambre gente,
gente que necesita
urgente respirar.

La humedad familiar,
la neblina incrustada en las fachadas,
en donde se paga hasta por orinar
y desconfiada te mira golosa
como una prostituta
que jadea a cambio de dos monedas.

Lo siento, mi querida truhana,
ya no eres lo que eras,
me lo digo a mí misma.
Y a ti, edificios oficiales,
góticos escenarios
y cuatro bicicletas calvas.

Escupe publicidad hasta del chorro del grifo
mojando el código de barros
con el precio gusto de la alegría:
Líneas iluminadas por plasmas.

De Barna, como de otras tierras,
retomé la vista vertebrada
a los ojos de los viandantes.

Los camareros latinos
que son los únicos esbozadores de sonrisas
al servir un café en taza pozo
y truco. 

Una gaviota.

Y tú en mis heridas
en cada recuerdo de tu peso,
me acuerdo de la ele fante,
Aníbal cartaginés
que domó a la estatua.

Desmembraste y el destino suturó,
creando a un Frankenstein
de aspecto agrio
pero con el cardo en jaula.

Tuercas en cada lóbulo temporal
que cuelgan chaquetas de viajes.

Aún te veo en cada espejo de baño,
no necesito escaleras
para ascender a tu desguace.

Son muchos siniestros
y lo comprendo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario