sábado, 15 de marzo de 2014

CABO DE ÁGATA.


        I

Gata rechoncha y fofa
que espera en el tejado,

el amanecer de Júpiter.

       II

Luchar
hasta la última gota
de poesía.

   III

Si levantaran diques,
arrecifes de guerra,
aún sabiendo la muerte segura
acudiría a tu alambrada.

La misma que te atrapa
e impide tu liberación.

Por ti,
quedaría atravesada,
aún sabiendo el final,

por ti morir 
como gozar
sabe a gloria.

   IV

Cuatrocientos maullidos
y los ratones de fiesta.
  
    V

Esperar,

y ni siquiera saber lo que se aguarda,
velar la intransigencia
de los cercanías arrollando un felino.

Esperar.

¿Amas?

El silencio
dio la respuesta.

Siguen violines
acompasando el réquiem
de los continentes que se separan,
fallas del tónicas
antes del paritorio terremoto.

En la meseta de la noche
besan la cara de mis hijos a conciliar el descanso
y luego la resignación de tener la necesidad ignorante
de escribir los buenos días.

 Amas.

Cuestión de duelo,

de caballeros.

  VI

Los gatos rascan la corteza de lo árboles.
Qué hago contemplando la nada.

Mi columna ha iniciado su desprendimiento
en todos los paludismos sembrados
de Gran Vía.

  VII

Mi camisón
es transparente,
sugiriendo los picos de un planeta.

Se ven cada uno de los vértices
de la hipotenusa descuadrada.

Desnuda el ama.

     VIII

Cuando estiraba su cuello,
como los cisnes en la Selva Negra.

O el cortejo del león marino
en la costa Antártica.

La foca loca
se retorcía en mi ADN.

Fingía descuido,
pero, me robaban sus movimientos
cada uno de mis genomas.

Al principio despertaba un instinto de protección 
y deducía un dolor cervical
por el peso de su pasado.

Luego ex-citando textual 
vi una gran soga
como una ortiga alojada en mi glotis.

Te convertiste en un rascacielos de cristales rotos,
sin importar que cada una de tus esquirlas
se clavaran en cada artería,
hasta el desangre y dejar el aire filtrado,

                                en un adiós.


              XIX

Esto no se arregla
ni con gomina ni mascarilla hidratante.

Esta melancolía
de querer meter un volcán
en mi clítoris de fiesta.


Una gata obesa o besa a Júpiter u olvida.

Los ratones vuelven a beber.

Con dos yogures de cena
y una cucharada de azúcar.

La causa de mi flaqueza.

Como el Holandés Errante
y yo la orilla inexistente en los mapas.










 


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