lunes, 10 de febrero de 2014

NERT

Y sin gabardina
como extraída de una hemeroteca
entendí la teoría de la relatividad.

En una estación tercermundista
con la oscuridad con forma de bombilla,
foco de tren de largo recorrido,
que cruzaba en una apuesta
a matar silencios y moscas.

La decisión de subir a la capital
o volver a casa.

Con paciencia de pollo en microondas,
tomé la dirección al alba.

Y ahora a mi vera,
me preguntas, no sin antes algún que otro ganglio
se estalle en reliquias,
por él.

Tu boca
que como un niño 
me ha aguardado
otro viaje hacia la feria capricho.

Con miedo,
pues, en esta ocasión el contrincante
pisaba tobillos con elegancia sibilina.

Giró mi barbilla,
mis ojos se cruzaron
con la alta velocidad
de aquel convoy de mercancías.

Bufandas de vértigo, de nudos,
rompiendo tímpanos
y megafonía de pueblo.

Exclamando que fue una equivocación
y no hay parada.

Para no decir la verdad,
la que ahogo cada día
en un cubo de agua.

Mientras los ferrocarriles parten vías
y yo ya reniego de cada una de las directrices,
cambio de raíl.

Siempre seré ese destino
que no convenía con vistas al mar
y unos interrogantes
como garfios.

       II

Ahora amigo, aguanta la trolley
entregando el abrazo como su correa,
pues, vengo cansada de esta desventura
con billete de ida.

   III

Eres esa plaza
que nunca me abandona
de postales,

me bañas con agua de rosas,
cambiando los calcetines sucios
para levantar el panel
refugio en tu axila.

Sé que cuando duermo me miras,
como los pasajeros
de un largo trayecto.

Que desconocidos
comparten vagón.










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