viernes, 21 de febrero de 2014

IMPULSO DE VACACIONES

Un sanatorio no es una zarzuela
ni un utilitario porcelana,
es dos meses y un cumpleaños internada.

Los vigilantes estaban ausentes.

Las enfermeras somnolencias,
como el genio de la lampara,
humeaban café y revistas pasadas de fecha.

Y como pasaba todas medidas de seguridad,
decidieron dejarme en camisón con tres lazos 
sin mis pertenencias.

aún así volví a huir
retornando a mitad de carretera a esa sala
por siete camas compartida,

me gusta jugar pero con la vida humana
no hay que soltar el hilo nunca.

Aunque dejara inconsciente
que mi cuerpo saliera por ventoleras
y mi familia estaba, ahora lo he comprendido,
agonizante por mi estado.

Paseaba por ascensores,
viendo por la ventana la incineradora de los restos quirúrgicos,

el olor de esa comida insípida
que acababa en una bolsa,

si me portaba bien me traían bocata de tortilla.

Esa frase de encrucijada: si me portaba bien...

Un día por medicina nuclear
ver un bulto tapado con una sábana,

no somos más que lavadoras
que sin uso son de remplace.

Nunca los hospitales
fueron tal ciudad de padecer.

Ansía de cafeína
y ese pavor nocturno
a que la cometa saliera corriendo 
por la quinta planta
al vacío.


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