miércoles, 12 de febrero de 2014

I FEEL GOOD.

Un rasguño en el corazón
es una mirilla al alma,
y una aprende a deshilachar jersey, colchas
y otros enseres a base de baño maría,
caerse de rodillas y observar las cosas con la templanza de una tila.

Me pasé toda una carretera estatal de pueblos,
he de reconocerlo, sí, quise limpiar la colada
con la manos llenas de fango,
secar la ropa bajo la lluvia

y lo peor de todo, descolgar las cuerdas de todos los tendederos.

Así como se puede ir por la vida,
como una chocolatera pringosa,
salpicando la sección de electrodomésticos.

Y a base de psicoterapia una llega a la conclusión portuaria
de que he ido por un cabaret-tour
con un moco con forma de antojo
adherido, fosilizado y grafitteado de rosa.

Rectificar de adobo, berrear paralela
a la razón y al sentir.

Ilusionista de carta de tréboles, de fuga de cerebros.

Reconocer que implicarse emocionalmente , 
es potenciar el sufrimiento,
que no se puede hacer partícipe del edén, verano y purgatorio,
de la miseria y hasta del último bol de cereales
que explotó en el micro,
las sombras alargadas de un flexo.

En cada lugar nace una losa,
y hay que saber diferenciar el nombre de los muertos.

Amar como arrastrando alfileres sin cabeza,
regar con más líquido viscoso,
y embadurnar al amado
de queroseno, alquitrán, un bidón de gasóleo
y con un cerilla
ser la princesa incienso.

Por amor me pelaba la piel
y la dejaba colgada del perchero,
luego, las plumonías arreciaban.

Me río, no me arrepiento.

Nadie sabe de nada,
y todo vuelve a su sitio,
ropa tendida,
chocolate empaquetado,
manos aseadas,
amado en el cajón del armario
y sobretodo sonrisas por un tubo de neón.

Gracias mamá y Susana por abrir ventanas a mi casa.




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