jueves, 9 de enero de 2014

EL DÍA QUE PAUL NO VISITÓ A SIMONE

Cuando era niña
nunca soporté que me agarraran de la mano,

un día de sol al Sr. Florit,

acompañándome a la escuela
con esa atadura insoportable,

le mordí con rabia impulsiva,


el hombre me soltó  y crucé entre dos--coches.


Me atropellaron de gravedad,

tuve un traumatismo
y perdí el conocimiento,

estuve en coma,,,,,,,,,,,,            varias horas.


No vi túnel,

ni luz,
solo un pasillo de médicos que gritaban acelerados
cuando el sobresalto del trampolín 
sobre una camilla de faldón verde,
me despertó del fuego de una refinería.

Esa es la causa de mi asimetría en la cara.


Durante años posteriores

los especialistas de mi madre me controlaban la cabeza
con un casco propio de la Edad Media

Me asemejaba a un pulpo

con esos cables de colores,
la sobreviviente de la tortura,
de las plagas y artefactos.

Hace dos noches sentí

la catapulta de mi rostro
tocando suelo
como un soldado abatido por un francotirador.


Miles de meteoros

abrazando mi penumbra,
los oídos zumbidos de oleajes
como la marea de luna
con el pánico nadando mar adentro.

Me he salvado 

de puro trigo,
ahora, en fase de espuma
con el convencimiento de que él no era Sartre
ni yo, su Simone de Beauvoir
voy recogiendo las conchas
de  mis pedacitos
de un naufragio sin subsidio.

Que hermoso

el paisaje de la gente buena,

él es caro
no malo,
y yo ni con mil chichones ni elefantes de plata
podría ventilar 
las esquinas de sus monturas.

Gracias por ser la esfera

de tu Atlas
lanzado a las barricadas mi seso
como un dardo a la diana de tus cometidos.

Soy barata,
pero he decirte Jean Paul
que pierdes más que ganas.

Lo material no importa

yo no pagué por ti.

Sigo viva cual Ave Fenix
el problema de tener más sólida la testa
que el cardio de mis senos.





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