domingo, 19 de enero de 2014

CARTA DE AGRADECIMIENTO.

   I

El señor de traje de micropana,
marrón,
con pernera y puños
de pata de elefante.

Se parece excesivamente
a Cortázar,
lleva una bolsa de plástico
y dentro un mocho de gato.

Una adolescente
con un balón desinflado,
se acerca y le pregunta:

-¿Sr. Julio qué hora es?

-Nos separan quince acantilados
y es hora de ir a dormir.

  II

Del reflejo de unas lentes
un clavo pupila
sostiene otro clavo,
de él pende un hilo metálico
con un trapecio deltoides,
el funambulista arriesga 
sabe que la red lo recogerá
del arrecife.

Oiga procure paracaídas,
nunca se sabe...





 III

Jamás me arrepiento de haber cruzado cien veces el mismo cauce,
por eso si te he amado
y el drama ha sido la lentejuela
no me animo a desmentirlo.

Estiraste el cordel
hasta que las costuras se quedaron calvas
y en pelota picada expuse todos mis sentimientos.

Ahora más sosegada,
voy uniendo las piezas de mi tórax
creando una curiosa cesta de mimbre
para acicalar con mis despojos.

No, no me avergüenzo,
pero ya de aquello poco queda
mi boca de incendios apagó fuego
y el latido se vuelve lento
como la taza de jengibre y té hervido.

Sí, poco queda, mi capacidad para regenerarme es como la lava
en contacto con el océano, crecen rocas sin palmeras.

Olvido mi cuerpo, no huele a ti,
descoronada insensatez,
cuando te pica la culebra
lo mejor es morder con saña el hueso.

Sabes la historia escribiente siempre fue sobre el lomo del derrotado
y en este suceso fue un hombre,
Penélope murió ahorcada en un olivo fuera del Centro Comercial
y nunca dijeron que en su cautiverio
tuvo veintiséis amantes.

Por eso te aplaudo en menesteres amorosos fuiste bronce,
pero tuviste mi testa en bandeja olímpica.

Ahora que solo una llamada se corta
igual que el graznido en una pecera,
me alegro que lo hagas es el mejor pago a todas las vanidades
que morirán en la hoguera.

Gracias por ser poema durante una equimosis occipital,
un equinoccio de invierno,

cada día el moho de tu recuerdo
se pule con daga vencida.

Aunque te lleve en la punta vuelta
de mis bragas sin corazoncillos.

Afronto mis soledades
por primera en mi faro vez
sin perro ni gato.




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