jueves, 30 de enero de 2014

BANQUETES Y ENTIERROS.

Dicen que estoy triste,

las botellas de cava
descorchadas en racimos verdes
taciturna taberna a codos
son uniformes de guerrilla.

Si...

En los campos de refugiados:
Alepo,
buscan niñas de quince años
para reclutar su himen en una noche.

Si...

Abren las casas con coces
como los pescadores de las ostras del lujo,
usurpando el honor de un linaje ante la mirada masculina de la impotencia.

Suele ser un trueque en la guerra,
labios vaginales que son usados para dañar la moral
sin importarles el canje de su cuerpo.

El apellido familiar
tiene boca de mujer.

Seré soldado por la causa,
desde los Balcanes hasta el Líbano,
desde suburbios y exclase media,
desde Colombia selvaje y la Palestina vestida de pañuelos
que lloran cada entierro,
la ablación de una lengua,
se mire por donde se mire,

y aún me preguntas,
por qué estoy triste...

Grandes se fueron 
y yo lloro por las que no tienen ni nombre.


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