martes, 30 de diciembre de 2014

Glaucoma letal.

He hecho una promesa,
a fuego la he marcado
sobre cada mentón 
y aureola de pecho.

No me vas a volver a ver jamás,
lo he decidido, seré la foto de una revista de domingo,
unos colores reunidos
en la plaza del eco.

Pero no, en persona, por mi palabra,
por los planetas que giran dentro de los secadores
y la lavadora con Plutón blanqueante.

Qué aunque muera de pena,
y esté en lecho de muerte.

No volverán estos brazos a rondar esa herida
que me mata, no, el hombro que sea carcoma,
que el corazón se hiele y se convierta en minas
de lápiz y cuarzo. No deseo, aunque martirice esta decisión
y tenga que atar mis pies almenas en troncos de almendro.

De rodillas a tu tierra.
A tu faro.
Al fuego de tus ojos.
A tu mortífero perfume.
A tu taza compartida.
A tu burla parálisis.
A la camilla sumisa.
De cabeza a pies colgando.

Qué no volverás jamás a verme.

Inventario.

Mis manos están resecas por el cartón de la mercancía
pero, más árido es mi sueño, el llevar los labios rojos
en memoria de mi abuela. O saber que la ropa con olor
a chimenea me recuerda a Xisco, ese hombre que fue como un padre
y que murió fuera de hospital, un domingo, en una semana
de alucinaciones y malos presagios.

Tengo la señal de tres partos en mi muslo derecho.
Tengo la marca de tres golpes en mi muslo izquierdo
y debajo de un seno.

Y siempre acontecen
imágenes, en un ritual devastador,
nunca cesa el infierno insoportable
del tener testimonio
que en estragos nunca duerme.

Si yo contara lo que he padecido
nadie me creería, de tan inverosímil,
de tanta crueldad.

Vive dentro bajo la tierra
de mis ojos,
y yo quisiera saber por qué sobreviví.

Y si algún día
podré recurrir a la normalidad
de los tomos de los libros, del agua hirviendo esperando arroz,
o los peldaños que llevan a estatuas con sabor a cereza.

Un jardín de flores perlas y un balancín.

Este año, determina, la esencia,
el recapacitar porque fui a terapia
si fue para olvidar un amor,
y volví a intoxicarme de sus maliciosos juegos,
pero...si él es el de una vida
coexistirá hasta el último día de cera
y faisanes abiertos a los garajes.

Sin título.

Todos llevamos en el bolso
un revolver
con la bala,
un bulto a destiempo,
un paso de cebra
o seguir bebiendo
para estrangular el hígado
hasta que no quede ni una rima más
de vida.

Sin título.

Tendré que hacer mil abdominales
para reverberar la estúpida nada
de tanto abeto
y pose monolito;
de escupir palabras
como perdigones,y una que ya está
hasta la vagina de sus sandeces,
abreviatura o declinación
versus cere-bus.

Pace hermanos,
harta de tanta impostura
de no pedir las cosas por su nombre,
ven quiero verte desnuda,
e inventarse un alhijo
de improperios, excusas
quesos gigantes en un cebo
para inodoros en beta.

Pace hermanos, que el amor reine.



Yo no soy Sancho Panza.

El corazón en una bolsa de té duele,
pero, no soy el calienta piernas de nadie
antes del baile, ni la recoge pelotas frustrada
que quiso ser corista de primera fila y ahora,
barre las colillas de los cajeros automáticos.

Soy Selene, soy Tramuntana,
mar salado de costa sobre mero, y 
valgo crines, amuletos, celta sombra
y miles de farolillos en ríos de despedida.

No merezco humillación alguna, si de esta maceración
el agua se vuelve roja con sus frutos del bosque, pues,
controlé la ira ganando el primer asalto,
sopesé las palabras como la compra a granel
en la balanza, y ni un gramo se excede.

Vale la pena el tiempo. No padecer nada,
si al caso que te han hecho un favor;
sólo el empujón que venía tiempo sintiendo
para poner los pies caminantes
hacia sueños de poema.

Que satisfacción ser besada, por un hombre
que besa, que autoestima creciente que te abrigue 
al amparo de la noche con sus brazos de montaña.

Es el momento de la tierra.
No aguardar más que alba y meditación.

Yo sé ya lo que quiero.
Sentirme respetada.

Y eso hace tiempo que nunca sucedió entre bastidores, 
sólo una planta que será salvada del aquelarre
y mi sonrisa por sentir la libertad del laberinto.

Yo ya sé lo que quiero.
Y no eras tú.


lunes, 29 de diciembre de 2014

Hace mucho viento.

Paradójicamente la capacidad para estar solo es la condición para la capacidad de amar.
                    E. Fromm.


"Requiero soledad, es decir, recuperación, retorno a mi mismo, respirar un aire libre ligero y lúcido."
F.Nietzsche.

Esta noche la ropa en los tendederos
habla sin cesar, el viento
que fluye dentro de sus costuras
parece la lengua
de los niños nerviosos.

Con la plegable silla de mi espalda  desguazo palabras,
como un mecano del trabajo a casa,
en la búsqueda de cristales de coche
con Garfield pegado con ventosas

Luego, en medio del gres,
veo la chica de brazo imperdible
esperando que acabe de hablar un adherido a su móvil
y al hombre con las manos en los bolsillos,
cola del paje
de una señora que no tiene zapatos y no anda descalza.

Son los litigios diarios,
estar en soledad impuesta
fortalece, los lastres van secándose
y libero elásticos que oprimían el sentido
de mi cuello hacia la medianoche.

Me tumbo en puñados de tierra
y aguardo,
igual que si fuera un pueblo
que seco ve la nube gorda de lluvia,
sin prisas, con grietas
que serán caminos,
y luego barrizales.

La ley del aire
y las dos cucharadas de azúcar matutinas
en el café con leche,
los arrumacos de la toalla
y contar el tiempo
que trascurre de un beso a otro beso
de la piel con la camisa.

Esta noche de vendaval
donde la luna se quitó su gabardina
y viaja circense
en todas las cuerdas que exhiben
las colchas de camas amantes,
el equilibrista calcetín se descuelga paracaidista,
y atónito al viento
quiere pronunciar en galés.

¿Por qué ignoras?

Sí,
las conversaciones,
espirituales de la ropa tendida,
y sus espectros
del retorno.





viernes, 26 de diciembre de 2014

Colirio y zumo de tomate.

I

No sé si fue un sueño caminar por la vereda 
después de la ventisca.
Así, sentía sobre mi cuerpo, sus manos,
como las pisadas de los niños sobre la nieve,
dibujando hormigas blancas
en la línea más recta que me lleva
de mi cama a su cama.

II

¿Fue un sueño? esa alud de color fango,
a pesar de tener la hoja sagitada
dentro de su pecho, el pétalo de roble
que se ahogaba en la mudez
y que sólo canturreaban
los elfos que guarecidos en su prisión
hacían espasmos ante los días que sacan de quicio
a los portacelos y a las etiquetas de felicidades.

III

Tiene palabras
en su corsé
y deben brotar como la fuente,
sinó la asfixia irremediablemente lo matará.

Fluye consonante de vos.

IV

Mi regalo es mi presencia. 
Hasta que consideres oportuno que me vaya 
con la niebla gélida de los coches de patrulla
acompasando mi caminata directriz.

Tu cuerpo y el mío,
el monte y el mar,
en acto volcánico
creando más muerte en mis huesos,
naciendo dentro de mí, heridas islotes
de la lava acontecida, y te disculpas
pues, así nunca la cumbre llegará a libre.

Sabes...soy una drogadicta de tus papilas sustantivas,
de tu ornamento navideño de árbol,
y traviesa petigrís dejo recorrer cada uno de mis pliegues,
mis pozos, mi mirada de locura frente al espejo travieso de Alicia
que multiplica las epidermis.

La enfermera impaciente, y él dueño de mi voluntad.

V

Me temblaban las piernas
bajando la cuesta
con el relinchar del pecho a galope.

Ni la sentencia de la penumbra de los grados
invertidos, para volar la gloría
hasta que el próximo síndrome primate
me arañe toda,y  donde sólo el bourbon y un blues
cantarán aroma de cedro.

VI

Sabe que así me va matando,
los adictos perecemos a nuestra manera,

por un minuto de éxtasis:
la soledad absoluta.

Amo café ranchera y
que fácil sellar puertos
para crear vida.

Un buque rompiendo el estrecho
y la duda en que momento me desposé 
para ser suya eterna,
en que instante vistieron el cuerpo de novia tizna
a la inevitable red que salva a las bailarinas de pértiga.

Elefante.
Colmillo atravesando mi corazón.





jueves, 25 de diciembre de 2014

Caminito de Belén

Las Novedades en Brooklyn
son un fenómeno de masas,
los vagones de los trenes se visten de color fantasma
y el sector norte brinda con licor dulce
con dedos abrigados por guantes tentáculos.

Éste, es el más tranquilo,
conversando con tres adolescentes japoneses
con mi inglés de parvulario y su español de carta de vinos.

Es creo que... Nochebuena o simplemente es noche,
larga la travesía cruzamos pueblos,
de películas,
de vaqueros en blanco y negro.

Sorbo un poco de tapicería azul 
y cuento las estalactitas del techo.
Este festival de papeles de regalo,
se adorna con el bicho neutro del miedo a la muerte,
caparazón de placer y apurar la melancolía;
vestir de rojo nuestros sueños,
tanto frío en los túneles con semáforos descuartizados
y ratas pedigüeñas buscando canales de pago,
los días que se visten de la añorada luz del verano,
pero, hoy, he visto el brillo de la bola de plástico
que cuelga de la naturaleza amputada,
estaba en los ojos de las personas, en el olor a asado de las callejuelas,
en el abrazo de los que procedían de Alicante, ciudad colindante de Brooklyn.

En la humedad que lamió las aceras, los péndulos y los cristales
de taxis fúnebre,
buscando aliento para romper vaho.

Podría decir que esta campaña es una mierda. Pero acabaría
en la comisaría de la venta al por mayor de los suicidas.
Yo quiero, cuando salga de este ferrocarril de largo recorrido
y me atreva a despedirme en nipón,
encontrar la ladera del queso azul edulcorado.
Un hombre trajeado con lentejuelas
con un ramo de llaves inglesas
pero hallaré el eco de los corchos violados
y los contenedores con las fauces abiertas
al consumo.

Por qué tanta soledad.
En el campo alejada de los magnéticos,
de los tintes de pelo lana,
de la barbarie de niños que mueren de hambre
en hospitales por falta de suero.

Y lucho, y lucho,
atada a una silla giratoria,

cualquiera día

me invento mi propia Navidad
y acabo con sarna en una campamento del Sahara
porque vivir así es morir de termitas,
es la falsedad arbitraría
de un ciclo, aseado e infectado
por las heces del progreso.

Yo
aquí fago
sola
todo
cauce y cloaca.




Fósforo

Si crecer es obediencia
debo respetar su voto de silencio,
ya sé que soy un balón metido en una pecera
con las pobres carpas a punto de fenecer
por pánico.

Y me agradaría descubrir si este ovillo tiene Cabo de Hornos,
pues, no entiendo esta opresión en el pecho
con la invitación a un destierro de fiesta,
estoy como una monja de York con la tensión rebaja,
Ramón Llull a la vera de mi flexo,
y el amago de mi fobia social por destemple.

Yo quisiera no amarle
que fuera como un bocadillo de anchoas,
que cuando se termina, se barren las migas
y bebiendo un trago de agua
pasan las raspas y se ríe la vida por lata.

Pero, no, esto dura infinito, y estoy aquí
tejiendo una bufanda para la Estatua de la Libertad
y su sombra.

Porque el problema
no es que le quiera
es el alcance de la milla,
la que preocupa.

No puedo olvidar
y encima con dos ovarios le pido un vaso de leche.

No tengo miedo a vivir sin ti,
deseo felicidad de focas,
de océanos limpios,
de niños con escuelas,
de manos flores y besos en minorías.
Pero... este martirio
acabará alguna vez,
o enferma de él hasta el fuego fatuo
escribirá su inicial acrobática.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Last love

Si los relojes coinciden 
y los agujeros negros tienen tapas de aluminio,
se crea la magnificencia del espacio y el tiempo,
todos los pasos necesarios
para que nos encontremos por casualidad
en la cola de un cometa
y hablemos estrellados contra la jarra de cerveza
con el amarillo más sun de todas las cebadas.

La culpa fue mutua,
no se podía continuar,
y temeroso dejas que juegue con el planeta corazón
que se asoma por tu boca.

Sabes que nada es igual,
jactándose de amores furtivos
escribes con las manecillas
de los encuentros en las fases terceras.

Cuando te quitas el traje atmósfera
y yo, quedo ingrávida,
flotando en el bar,
se juntan los abrazos
y me regalas pequeños trozos de luna
con tu sonrisa.

Me ves más tranquila.
Conversas que este retiro voluntario
de aprendizaje y meditación
resulta beneficioso.

Pero, al quitarme el oxígeno lloro,
no soy un personaje de cómico,
ni siquiera tengo rosa, ni zorro ni astro.

Soy la cuchara volcada
de la mesa de enfrente, con el estruendo
del parpadeo de un fluorescente de cocina,
que me dice que no pasaremos las navidades juntos,
por primera vez, en cuatro años.
No atisbo a héroe,
mi ropa huele a jabón
y cuelgo la nuca debajo de los percheros
en estratosferas de viento,
persona, persona, de taburete
y mandos de azúcar.
Qué fácil es diluir la pena
en agua hirviendo. 

Murió la polilla entre mis ojos y fue tu espíritu y el nuestro. 
Presagio de la descompresión.

domingo, 21 de diciembre de 2014

GatoPotaG

El amor es un pájaro bobo,
¿qué afirmo? no, un pájaro no,
es un gato, un gato bobo
que va de un lugar a otro de la casa,
sin saber exacto donde frenar.

El gato es como un enamorado
en gabinete de crisis,
se enzarza en la búsqueda
cada uno con su correspondencia, el primero: desea
atrapar con anhelo su propia cola,
el segundo: unos brazos que no le corresponden;
cuanto más estira la garra
más se aleja el apéndice de sus deseos litios.

Es la hora de dar vueltas,
girar acaloradamente
en caza de uno mismo,
porque en dicha hazaña
uno está más solo que un pacifista
en la proa de un atunero japonés.

Podrá el amante hacer una inversión surrealista
de bombones, flores y relicarios,
igual que yo en juguetes, parámetros gatunos
y cassete de música relajante para felinos
que el gato versus enamorado
ve una greña, un descosido, pelusa o borla descompuesta
y cree que se encuentra ante un regimiento de salmones
en carpaccio.

Imposible dar entender
lo que no se puede alcanzar,
ratones de esperanzas,
y se entablan en el juego idílico
de una sombra reflejada
sin percibir ni siquiera lo tridimensional de los elementos.


Sólo nos queda oler los momentos comunes,
lamer la piel saneando el polvo que no llega...

Yo, que soy una enamorada ágata,
emperrada en meter la luna en la bañera,
pero, no consciente de que es sólo el espejo
que ilumina la mampara
y que ellos los gatos, los de verdad, que maullan
y se alimentan de latas perfumadas
y almizcle, tiene miedo a(l) mar.


lunes, 15 de diciembre de 2014

Objetor de conciencias

¿Parece espumillón, verdad?

Puso una estrella dentro de la boca
y en cada lóbulo
dos figuras colgantes.

Engarzadas dos bolas navideñas
entre los dedos.

Caminar no puede, pues,
tiene los pies metidos
en un tiesto de poliuretano

¿Qué soy en su vida?
¿Qué ser?
Un objeto decorativo,
un rótulo luminoso,
como la flecha que indica
la huida a la gasolinera.
Todas las luces de las vigas.
Viviendo una falacia
en una inamovible bombilla
que pasa la pelota de la electricidad.

Y los pies, sí,

metidos en la maceta
de sus ojos.

Esto no lo cura un antigripal.

Nunca de la cuchara dudé, que eras el tenedor,
el zapato izquierdo de mi diestro,
la oreja roja de la oreja que no escucha,
el latido de mi tos,
y el resfriado de la anatomía cardíaca.

Eres y serás
para el fin de mis desdichas
todos esos salvajes juncos
que mecen cuando aman escondidos
los amantes entre sus piernas.

Me acordaré tantas veces de ti,
cuando truene mayormente,
cuando la lluvia patine sobre los tejados,
las antenas móviles
de los paraguas recibiendo la señal perdida
de mi nueva actitud frente a tu inicio de fuga.

Si sabes que soy sodio
adherido a la soledad levitada,
por qué no llenas un dedal de este desquite de nube
y te atreves a beber de la vida.

Queda tan poco tiempo.
Sabes lo que voy a demandarte.
Lo sabes tan bien, como las americanas que son sacudidas
antes de fin de año,
el verano de los locales en invierno
con los grados tímidos en vaso tubo
y un acordeón en respiración asistida.

Fingiré que no te amo,
y me despedazaré para los perros.

No tengo voz, no sé cantar.

Sigue la miga de pan
y hallarás el canto de cien pájaros
anidados en mi corazón cantante.

Porque hasta el chirrido de frenos
es música.
Ahora anacoreta
recorto flores y pego campos en las paredes pentágramas.

Una vez a la semana,
la espalda se recupera
a cambio de los ojos
que serán ciegos para siempre
pues dejo que tus dedos-picos cuervos
de ellos se apiaden.

Truena, llueve y y lo imposible
se viste de poema a medianoche sin tacones.


viernes, 12 de diciembre de 2014

La verdad.

Yo, no soy yo.
Yo soy lo que tú me hiciste:
la escoria, la piel de la anaconda.

Con diecinueve años cambiaste
mis bragas de algodón
por puntilla noir.

Y aprendí en tu cátedra
a llorar con espanto,
a llorar
y orquestada
a llorar en silencio.

Bajo presión yugular
el prohibido cautiverio
que convirtió lo anormal
en lo necesario.
Amar de la rosa la espina.
Incomunicado faro, en medio del Gobi,
escupiste con cincel a la Hidra,
sin saber, que la obra fue peor que tu docencia.

Ahora que he muerto
y he resucitado,
percaté que yo,
no soy yo,
que era
lo que tú me hiciste.

Mi cadáver vara
por las esquinas de la casa

Ahora, que no hay ninguna duda interrogativa,
sé que Estocolmo será la cobertura de riesgo,
pero, empiezo a desear manteles margaritas,
que yo vuelvo a ser yo,
y no el delfín
que hiciste creer
que era una orca asesina.


Sin título.

Cuando descubre
que el amor de una vida
deja de ser amor
deja de ser vida
uno nota la escarlatina 
de las palabras
un taciturno césped
de jardinera de autopista
a las afueras con la prostitución
una barriga que cuelga
después del parto
con entuertos frente al vacío
se nota un país derrotado
ya que el alma
eso que dicen que pesa
lo que una hoja de María
no habita en el pecho
ni siquiera en el piso
de la tercera o cuarta costilla
está en el ombligo
cerca de las vísceras
y en la cara de un hombre
recién contratado.
Isla del devasto.
Volver a buscar o morir.
Por qué dejar de amar,
también, duele.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Extrañezas en el fondo de la lata.

I

El trasvase
vaso
beso
vaso
beso.

Pongamos que hablo de Varsovia.

II

Añoro la delicada cadena
que caía del techo
y me balanceaba,
ahora, que todo está en estado gravitatorio,
hay una idea que ronda
y no encuentra salida,
hay demasiados coches
que aglomerados hacen chapa en cada señal.

Dónde ha ido a parar
la cadencia
de esa mirada que incitaba
a atravesar el puente de la locura,
a ser un jacinto podado
y metido en un corcho.

Todo tiene un precio, eso me lo enseñó
la maldad de la vida.

Soy una persona que coge frío en las manos,
que toma el autobús los días de lluvia,
normal fotografía de peluquería
duermo cara a la soledad
y tengo un gato negro, cosas brujas
que tiene la estadística, 
tampoco, olvido poner la escoba detrás de la puerta,
como hacía mi abuela, y mi bisabuela,
y supongo que mis ancestros en carreteras sin asfalto.

Insano modo de curarnos,
golpeando absortos
los nudillos a la existencia de trenes,
que nunca paran de viajar
y sólo el corazón es un árbol ganzúa
que vende estrellas.

Qué necesito.

Poca cosa, una escoba, un gato y dormir
al lado de un hueco que está en traspaso.

¿Quiere dormir esta noche conmigo?




miércoles, 10 de diciembre de 2014

Esponja marina.

Me he quedado toda tu tristeza
envuelta en una bata polar
después del café de tiempos pisados.

Soy una osa que ha perdido sus cachorros,
que bebe Coca Cola
para arrimar el frío con ginebra,
y se apodera de toda tu pena
para liberarte.

Es el problema de la empatía,
de los años que te amé en desuso.
Hablas aún de tu padre en presente,
no eres real de todo lo transcurrido.

Yo ya no te amo,
se me fue el amor
por el canal del parto.
Naciendo una porción
de nosotros no mismos.

Hoy te afeitaste,
no querías
que te viera gastado como un billetero
de ferrocarriles,
hemos sorbido de la taza
los momentos que ya ni siquiera sabemos
qué comentar.

Te refugias en la sección de deportes,
buscar la lotería 
y murmuras la mala racha.

Tu brazo se ha quedado
con la tensión de todos los veranos.
Y te doy instrucciones
de cómo afrontar el estado gaseoso
de la muerte. 

Me he llenado de tu sufrimiento
para que aligeres
en nuestros peajes divergentes.
Tu rostro es de corteza
de hierba mexicana.

La osa terapeuta.
La osa que cuida de tu huella.
La osa que escucha lo que no te atreves a decir a la Mayor
quedando rezagada
al segundo plano de una constelación pequeña.

Tengo medicinas preparadas para el auxilio
y todas las lágrimas
en mis ojeras
que tú no sabes escribir.

Tempus fugit

La ciudad de Valencia
se parece a esa mujer que he encontrado
en todas las ciudades
que he vivido.

Palma, siempre,
seduce en algún ángulo gótico.
o, en la gente autómata
que acelera el paso a medida que crece la noche.

Las luces son bisexuales
les gusta besarse con los faros de los carros,
sé que puedo parecer inquieta,
estoy,
por la mañana en una silla
por la tarde en el sofá,
con la corta o larga
de todas las distancias.

Una hora desde Castellón.
En  tres horas llego a Mallorca.

El atlas estaba lleno de viajes a boli.

Tengo una trucha saltimbanqui
en mi intestino canoa,
la propulsión de la anca de rana,
soy la ardi-lladó
que brinca de semáforo en semáforo.

Pero, desconozco 
el tempus fugit o el kilometraje.

A cuánto de la verdad.
A cuánto del poema.
A cuánto del amor.

Rosas y puñales.

I

Mi pasado tiene olor.

II

Tengo el olfato fino,
soy capaz de detectar
el tabaco de la vecina del tercero
que fuma sentada en la galería
con las ideas cerradas.

III

El olor a Maderas de Oriente.
El olor a Heno de Pravia.
El olor de colonia infantil.
El olor de hierba recién cortada.
El olor de las sábanas tibias.


El olor...

IV

El olor del puro.
El olor de whisky
El olor de Brummel.
El olor de la sangre.
El olor de hospital.

El fétido 
olor
de la tristeza.

martes, 9 de diciembre de 2014

Yo soy de Barriguitas y tú de Barbie.

Por ti, no me haré una rinoplastia,
ni adoptaré la dieta acelga,
paso, de estar enclaustrada
estudiando la enciclopedia so-pena de destierro
y tener lacayos,
y una institutriz 
que me prohíba lamer la cuchara.

Por ti, no renunciaré a mis estudios universitarios
que me pagué vendiendo hamburguesas,
ni me vestirán de Nancy.

Seré libre,
con ropa de mercado
y sacaré la  lengua
a todos los autobuses
que pasen destino Algeciras.

Me da igual tu alcurnia,
soy feliz flower con mis manos gastadas
y unos tejanos
que han lavado
un par de aventuras amorosas.

No soy virgen
y si esperas a qué lo sea
demuestra que tú también lo eres.

Soy selva.
Y tú quieres talar todos mi árboles.
Por ti y por mí.

Esta historia no estaba hecha 
ni cruda.

No dejes que se queden con tus hijos
si un día decides el divorcio,
ven y lleva chanclas de playa,
hermana, 
en todo los reales y su pavo.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Disturbios

No fue el chaleco rojo,
ni que tras la careta de buceo
sus ojos se asemejaran diminutos,
incluso, antes de sumergirse con la bombona
al lago
con el inquieto derecho 
mirando a la puerta de astilleros.

Van pasando ahorcadas las clavijas
de todos los árboles sacrificados
por la gula de adorar y machacar
la vida clorofila.

No me gustan las fiestas, y correría
como la llama que iluminará todos los comedores sociales,
porque sueño en un mundo
que no coma sin hambre,
y que saque del mar las cortezas para los necesitados.

Pero, mi diana es el corazón,
y con mi pértiga poco alcanzo,
salto y apenas llego a la bombilla
para cambiar el rumbo de las cosas.

Esa fuerza cósmica
envasada en cada ligamento
estaba insertada así, códice 
de la injusticia en él;
salvaba cualquier elemento
que formara parte del sistema.

Y sobre el sofá gris cuando contó la historia
de los caracoles
porque yo hacía lo mismo, y apenas hacía dos días
que había liberado al que salvé de una lechuga;
caí de narices sobre la vitrocerámica.


Poliquímica

Sin duda, erré en la profesión
tendría que haber sido anestesista
y colocar oxígeno en la Moncloa-ca.
o mejor, aún,
químico, sí,
un monstruoso científico con bata blanca,
con cien ayudantes con bata blanca
y dos guardaespaldas
en la entrada de mi guarida.

Ellos, por supuesto, con pasamontes
de punto y metralletas
con nombre de vodka.

En un laboratorio
fabricando pastillas de colores,
para repatirlas por la calle,
calle usted, señor caballeriza y ...

La azul es la dislexia,
soñarás con príncipes sin cabeza,
la verde, oh la verde,
creerás que eres el increíble Hulk
y te irás de plató en plató
mirando catálogos de deportivos italianos,
el rojo, la roja, la de la estampación
de la sangre del pueblo
que agónico hace transfusiones.

Me haré millorario,
y venderé política
encapsulada
en la puerta de los restaurantes,
en los clubs de golf y alterne,
en la salida de las cárceles.

Traficante de
metásfora,
alegorsis,
hipérbolen,
epiteto sexual
estimulando el power fuck :

Oh eres una mariposa
de un sólo día.

El químico más feliz de la tierra batida, la televisión
con mi propia campaña.
Las ilusiones de morir e ir al cielo.

temo el golpe de está a dos
temo el golpe de está a tres
temo el golpe de está a cuatro
temo el golde de estar a cinco.

Porque no hay peor droga que la política. He dejado de creer en la poliquímica.








domingo, 7 de diciembre de 2014

La humildad.

Era época de cambio de armarios,
estirar las mantas,
desdoblar las perchas
y girar los bolsillos
para el lavado.
Y allí,
menudo a la resistencia
un billete color pañuelo.
Cinco euros
no salvan una vida.
Pero, la sonríen.
Así, tu llegada
fue.

Divagaciones...

Era otoño
y los botones
ya habían emigrado
a la desnudez de Noviembre,
las cúpulas errantes de Venus.
Pero, tus brazos
avistaron el tejido
y cruzaste la hemorragia
del abandono
Abrochaste la camisa
con cada una de tus manos
Y no sentí el frío
de las prendas
que sin cuerpo
cuelgan de los percheros
de los almacenes
En la camisa, tus manos,
para cerrar cada abertura
con el pájaro de invierno.
Un beso
al abrigo de nidos
en sótanos
con humedades
de cremalleras rotas.
Para cada una
de nuestras aberturas.
El adiós.

El tiempo y sus golondrinas negras.

La primera vez que desde mis veintisiete años,
noto tu cansancio.

Ha muerto, tu padre.

Y expresas:

- Luisa, no, no estoy bien.

El tono de una rama
se ha colado
entre la llanta y el neumático.

-Ha muerto, Luisa.

Hiela y un gato duerme miocardio
entre los amasijos del tórax,
y confiesas.

-No estoy entero, me cuesta respirar.

Te duelen la cervicales,
y sientes como si hubiesen brotado 
dentro de tu torso
cien carbones florales.

Tú lloras poco, y ahora el llanto
va bordeando el estuario.

Y con... tú no estoy bien, Luisa.

Me escribes al oído:

tengo miedo,

siento frío,

estoy perdido.

Miles de contiendas
acontecieron en nuestra existencia,
y jamás he visto al torreón vencido.

-No, no estoy bien.

El brazo derecho
se ha atrofiado, de repente, y yo te ruego la calma
de los dos continentes que nacieron en hijo.

Fuimos socios más que esponsales,
amigo, te recomiendo una píldora
para sanar el sueño de no poder dormir
desde hace varias lunas.

-No, no estoy bien.
Mi padre ha muerto.

Los guerreros sólo hablan a su espada.

Y yo delicado crisantemo, que formé parte de tu coraza,
expreso mi luto compartido.

Te conozco desde que tenía veintisiete años.

Mucho tiempo.

-Hazte un electrocardiograma, por favor.

-Tengo hora el viernes.

Diapositivas
del poema escrito en el firmamento.
de la parafina termosensible.

El dolor 
que tiene muchas formas 
raras y milimétricas
de hablar en versos.