domingo, 8 de diciembre de 2013

LIMILTROFOBIA

En la plaza para escarnio
me ha tumbado para ser alpiste de palomos,

estoy viva
colocada como un semáforo
en posición horizontal.

Habla de límites
al aire
que manera más contraproducente 
de ahogarme.

Coloca cada ladrillo
sobre el montículo epidérmico

primero aisla la testa
de la fiambrera torácica (cuore),

uno a uno,
como si de la mirilla chincheta (muralla China)
se tratase
levantado berlines
a diestro y siniestro.

Amputación de razón,
me ahogo,
más bloqueos,
encima de la desnudez trémula,
de mis tetas,mi ombligo,

ahora, acaba de desplomarse otra loseta.

Sobre  mis carnes quiere barreras
y en mis huecos de trincheras
va urdiendo la separación.
.
Oiga, no pretenderá a encarcelar al viento,
la albura contrastada con el ladrillo
de gato tiralíneas focal,
va transformándome en la generación del 27,
quiero amarle pero no puedo ya ni hablar con usted Sr. Dragón Fire,
no somos amigos,
otro muro monte,
no juego,
vamos el Himalaya con esto es una meseta,
pone en una estrategia de termina vínculos,
más piedras,
no invadir espacios,
silencio de tregua,
ahora tocan incisiones murales
entre la cintura y mi vagina,
la más dificultosa,
la castración química de que todo fue un acto reflejo,
por eso la mahonesa se cierra a la tapa,
el tarro se condensa en presente,
y mi ser aparenta un cartograma del canal exploradores.

Lapidación posiblemente, psicológica,

respeto a tropezones
en forma de terrón de arcilla arenosa,
prefiero el lodo que tus fronteras
para morir con éxtasis
tu poesía me pone,
porque no me amas esta noche y me olvidas mañana,
que no soy más que una mexicana
en el maletero de tus genitales
intentando traspasar la alambrada 
y me quiere convertir en ciudad.

La queja de blanca Tiger.
busca a Dragón Fire.


   Lluïsa Lladó.




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