jueves, 12 de septiembre de 2013

DAMASQUINAS.

Siete días
hacen una vida
por eso
el alma
se alimenta
como un rey,
un príncipe
y un mendigo.


Desayuno toledadano.

Molduras
que abrazaban
los trazos
Greco.

Y contemplando
sus apóstoles
sentí
un deseo irrefrenable
de lamer
sus lienzos
en busca de sabor
a helado.

Microcabeza
en cuerpos
de tela.

Marionetas
y dolor
no sé la causa
pero estaba
escenificado
en la crucifixión
de frente,
nariz
y boca.



Cortada por cejas
y ojos.

De repente
la magia
se rompió,
tabiques centenarios
gestaban
un ascensor.

Era como un poema
que usa una imagen.

Una velada romántica
con claveles
y ponche
apagada
por la melodía
sarcástica
de un móvil.

Tres comensales
en una cena,
Greco,
mis ganas
irrefrenables
y tu estúpidez
shespiriana


Touché.



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