miércoles, 10 de abril de 2013

LA GRANDEZA DE LAS PEQUEÑAS COSAS

La humildad es la cena predilecta,
dos hogazas
con la rúbrica
en aceite de oliva.

Sal
sobre la firma
y el tomate
a ruedas.

Lo aprendí hace lustros
cuando el esmalte
despareció de mis uñas.

La cara lavada con jabón de coco
aprendiendo
a dormir de pie
como los elefantes.

Y a lustrar los colmillos
con pañuelos reciclados.

La sencillez
del silencio
en un vaso de vino,
aceitunas pardas
y libro de poesía,
felicidad.

A comer en los bordillos de la acera,
sonrisa,
indistintamente,
buena o mala
al enemigo.

Pasear mis peces
en la orilla
y crecer en el Mediterráneo.

Hablar en el vagón
con la gente
del tiempo:soledad
y amarrarme fuerte
en el metro.

Aprendí a tener mucho
con menos.

A compartir bolsas
en el supermercado,
degustando
el fuet
con una señora paquidermo.

Y no olvido
y no olvido,
mi memoria
sigue
intacta
con menos maquillaje.

A quitarme el corpiño
de la moral
y el lenguaje 
gangrenado.

Soy elefante
en busca y captura,
africana,
india,
que morirá
donde rugen los leones. 

Sin olvidar
que no olvido
como morir.

Dejadme
en estampida
desfallecer
bailando
sobre la cuerda
floja.

Mientras
mis manos
abrazan
el pan
amb
oli
i
sal
amb
all-i-oli
illa.








1 comentario:

  1. La locura de ir descubriendo la sencillez... la sencillez de ir recordando las cosas buenas... como el silencio, el pez en la orilla, oler la naturaleza... todo muy muy bueno...

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