martes, 4 de diciembre de 2012

SAL EROS DE MI GUARDILLA

Que quiere de mí este señor
que como un expectro
se presenta evaporado
de la botella del jarabe
para la tos.

Si no hay cura
para la polillas
de mi piel de abrigo.

Para la urticaria
nacida del roce,
de la saliva agria
de una falsedad.

Amar a un amigo,
al vecino de la peluca roja,
a la chica del anuncio
y al marido de la peluquera.

Sentir la mortaja
de unos brazos
que parecían
la estola de visón
de mi madre.

Y no eran más que una guirnalda
de anaconda
con olor a mandarina.

Que te ahoga
con mensajes táctiles,
cada vez que unas bragas
se ponen de boina
en su cabeza.

Enamorar al señor del chupito de orujo,
a la cliente reprimida
al chico del tablón
y mis ojos de perdida.

Amar al enemigo
cuando te besa en la cara
y su cuello con olor
a monogotas de chocolate
no sacia ni el bocadillo
de las cinco.

Amar y odiar...

-¡Eres haz o quiste!
Te chilla la jauría.

Y yo río
y te pido sonrosada de varicela
apretar un poco más las cuerdas
que aún al cielo no quiero volar.

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