jueves, 22 de noviembre de 2012

ANIS Y TOMATE

A veces me duermo en una colchoneta verde,
y saco mi caja de muñecos.

Un día una vidente
me dijo que había sido
una mujer terrible
en mis vidas anteriores
y que por ello en el siglo XXI
ando de esquina a patio.

Mezclo la lejía con el amoniaco frecuentemente
y siempre he querido pintar de cielo
el techo de la cocina.

Sabes...

En mi dualidad perezco
y me desinflo
como las ruedas de los tíos vivos.

En un amor que es semejante a tener una estatua
en el comedor
con sus formas
y circunferencias
sin adrenalina.

La sal,
el bronce,
el yeso.

Que tristeza más honda,
de esas que solo se curan visitando un estanque de patos,
y te transporta a unas manos de abuelos
vestidos de colores difuminados.

El miedo es la etiqueta de mi jersey-melancolía,
cuantas veces me has visto como un clip
en mi cama
llorando
porque vendería mi alma y mi barra de labios fiesta
para que David tuviese vida.
Y me abrazara secando  con ese tricot que huele a incienso.

De que  sirve el chocolate y las viandas
mas que...

El barro,
el yodo,
el mar.

Tener una estatua
en el comedor
y yo un ombligo
sin derecho a nada.

                   Lluïsa Lladó.

1 comentario:

  1. Yo creo que debimos ser vecinas de patio en otra vida, o tal vez de esquina, ahora no recuerdo, pero me alegra que hayamos vuelto a coincidir en este siglo.
    Un Beso Lluisa, y con tu permiso te enlazo a "mis otros mundos" para tenerte un poco más cerca.

    ResponderEliminar