lunes, 1 de octubre de 2012

DORMIR Y DESPERTAR PARA MORIR


  El lavavajillas pasó de estado soltero
a vivir sin compromiso.

  Las tuercas apretadas,
  el filtro limpio
  y la hélice sin su helicóptero
  que no viajaba
  a ninguna parte.

  Le diste la vida
  la misma que yo perdía
  mientras tus brazos dibujaban mi cuerpo.

  En ese hotel de cero estrellas,
  tu sueño y aún en las pesadillas
  me nombrabas
  y conmocionada
  notaba tu ósculo
  en la frente
  y en las vértebras...

  Y la cocina
   ante tanta pena
   lloró
   desconsolada

   La lluvia dentro de la casa era tan intensa
   que inundó
   el suelo rojo
   y acabaron las gotas
   desbordadas en  el techo
   de la vecina

   Ni el nenúfar violáceo
   pudo enraizar ante tanta cascada salina,
   subiendo doña Eduardo
   con un cubo y una fregona-pulpo.

   Lloraban las puertas,
   los cajones huecos,
   los pies de los armarios
   y las manos de las paredes.

  Y sacaste un pañuelo
  de tela de chándal
  y me consolaste.

  Y musitando una bella canción cubana
  se secaron como un desierto las estancias.

  Brujo,
  te llamé Brujo.
  y después de un incendio
  y de un maremoto
  todo quedó igual que siempre,
  excepto una ristra de fotos mojadas.

  Y este sentimiento
  que quema
  y ni con nada se apaga.








 

4 comentarios:

  1. Todo lo que se enciende se apaga.Muuuuu chulo,como siempre.

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  2. jajajajaj si ya he aprendido la lección.los diferenciales también con la nevera vacía.

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  3. Joder Lluísa! Que noche debió ser, para el huerto del hortelano.Asi que todo lo sé enciende se apaga? Joder, vuelve a darle al interruptor, please!
    Besos Lladó.

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