jueves, 18 de octubre de 2012

CACHAMO

Sabes que cuando voy al banco
robo caramelos.

Y a veces me acuerdo de ti
cuando abro un bolsillo y aparecen sus colores.

Te noto melancólico...

Cada jueves
se aprende algo nuevo.

Sé que piensas en tu padre
y ni los palomos que alzan el vuelo
llevan sombra de su rastro

Pues todo un día desaparece
como el detergente líquido
en la garganta
de la lavadora alcohólica.

Yo pienso y desisto
y cada día te olvido un recuerdo menos.

Consejos
arritmias,
manzanilla
y el propósito que empieza mi peor campaña publicitaria:
La ley seca.

Ni el llorón podado por las tijeras de tus dedos
calma la marca que cicatriza en tus manos,
el semáforo abrió la veda de tu tormenta
y granizaste sobre el árbol henchido de amor
mutilando todos sus sentires.

Silencios,
cefalea,
hierbaluisa,
y el sauce desplumado
por el salfumán,
esquelético
a la espera del helado noviembre.


Y los tres:
uno con corteza
otro con láminas
y una muda.

 ¿Por qué intentas dominar lo que la naturaleza deja crecer de sus ramas?

¿Por qué no es mejor ni peor?

Todo relativo...

Son las cinco en el reloj,
una lápida,
un dulce en mi boca,
y las primeras naranjas
sin la presencia de Cachamo.

No amemos como el olor de las flores de plástico
ni intentemos en una frase
recordarle,
los hechos:
el todoterreno sin nada y en venta
lo que nos convierten en memoria
y lo demás
parejas de conveniencia
y escenas de dolor en público:
dinamita.


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