martes, 28 de agosto de 2012

LA NANA DE AZUCENA

Azucena amanece con la luna negra
de un café solo en su taza.

Hoy no está olorosa, no entiende nada.

La crisis en agosto de vacaciones
y la playa es una colonia de  sombrillas
con bañadores obesos.

No comprende un mundo
donde el verdugo
quema bosques, geranios,
quema niños,
para salir en los medios.

Azucena pliega el periódico
y hace un barquito de sombras chinas

Ahora sin término,
se sumerge en la pila
para llegar hasta el desagüe.

Noticias que huelen a rancio,
acompañando a descansos dominicales
con ropa de marca.

Recuerdos de un diario en blanco y negro,
que se llamaba el ocaso de los dioses,
pues, no existía justicia divina 
ante tanta sarna.

El crac estival
y como hormigas buscando la simiente
pero somos un pueblo
de cigarras y canciones.

Azucena ha llorado, no estudió arameo morboso.

El eclipse de la loza

vuelca mirando su futuro,

en el poso con cierta pasividad:

indistinguible lenguaje de los muertos.


                                   Lluïsa Lladó.

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